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Editorial - ¿Cuántas muertes a cambio de una ciclovía?

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Foto por David Bolaños

El último día del 2016 murió un hombre que conducía una bicicleta en Quebrada Honda de Nicoya. Perdió el control, no llevaba ningún objeto reflectivo y un carro lo atropelló, según el reporte de La Cruz Roja a los medios de comunicación.

Así empiezan y terminan los años y los proyectos de ciclovías se quedan engavetados en las oficinas de las instituciones.

Los ciudadanos no se han quedado esperando a que llegue Santa Claus con una ciclovía de regalo. En Santa Cruz, Nicoya y Liberia los vecinos se han presentado frente al concejo de sus municipalidades a pedirle a los regidores que apoyen sus proyectos y que busquen la manera de financiarlos.

Los alcaldes y jerarcas dirán que pueden haber muchos proyectos, pero plata no. Lo cierto es que una parte importante del presupuesto que se destina a las comunidades se subejecuta año con año dentro de los gobiernos locales, pudiendo utilizarse para proteger a sus ciudadanos.

Que lo diga la municipalidad de Santa Cruz, que ha dejado de gastar casi ¢80 millones destinados a las partidas específicas, en los últimos cinco años, porque los proyectos venían mal diseñados y el concejo pasado los envió a la Asamblea Legislativa sin asegurarse de que podrían realizarse.  

La ley no permite que se desvíe el dinero de esos proyectos a otras obras precisamente porque para cada proyecto se crea una ley específica y solo otra norma igual podría cambiar su uso.

Con semejante burocracia, los fondos se quedan soñando con convertirse en obras que podrían salvarle la vida hasta a un niño. Y este es solo un ejemplo de todas las formas en que se podrían generar recursos −una mejor recaudación de impuestos y construcciones con alianzas público privadas se podrían sumar a la lista.

Otro aspecto en el que las autoridades también podrían amarrarse la faja es en el control de imprudencias de quienes utilizan la bicicleta para transportarse. Los periodistas de La Voz de Guanacaste han observado cómo los padres de familia de Nicoya van a dejar a sus niños a la escuela con hasta tres personas en una sola bicicleta, y cómo los tráficos los observan sin decir una sola palabra.

Desde el 2013, un decreto ejecutivo obliga a los ciclistas a portar objetos retroreflectivos y casco, pero nadie lo hace porque nadie los multa.

Con una buena educación vial en las escuelas y una buena planificación de las obras de infraestructura, las muertes en carretera podrían a comenzar a mermar, pero ¿cuántos muertos se necesitan para que se construya una sola ciclovía?

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