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Olger Vega: cómo encontrar a los peces gordos

  • Un geógrafo guanacasteco decide volver a su natal Cuajiniquil para entender y explicar cómo los pescadores más longevos encuentran los mejores puntos para la pesca sin la ayuda de ningún aparato electrónico
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El geógrafo Olger Vega creció en Cuajiniquil con su padre pescador, con quien salió a explorar el mar desde que era niño. ¿Cómo era que su papá siempre encontraba el mejor lugar para pescar?, se preguntaba desde entonces.

Para él, la pesca artesanal era una tarea de sabios: solo algunos sabían el punto exacto en que la profundidad era suficiente para que el anzuelo enganchara a un pez grande que después se vendiera fácil en el mercado josefino.

Le llamaban “bajos” a los lugares donde se podía atrapar la mayor cantidad de peces, dice ahora Olger, sentado en una mesa de concreto de la Universidad Nacional, donde estudia, con su camisa de manga larga y sus pantalones a los tobillos.

 

 

Dice que, desde pequeño, estaba dispuesto a descubrir cómo encontrar el secreto de “los bajos”. Y así lo hizo.

Una vida lejana

Ólger dejó atrás las mejengas de su barrio en Cuajiniquil de La Cruz hace siete años, cuando comenzó a estudiar en la Universidad Nacional (UNA) y llegó a vivir a un apartamento en Heredia con vecinos con quienes ya no conversa a diario.

Su vida en Heredia lo enfrentó a un estilo de vida totalmente diferente al que estaba acostumbrado. Un mundo en el que las personas parecían andar siempre inseguras por las calles.

“La gente aquí es diferente por el ritmo de vida, entonces hay que adaptarse”, me cuenta.

Estudió en la universidad pública con las becas Luis Felipe y Omar Dengo, pero las dificultades económicas no fueron su único obstáculo. La gente se burlaba de su forma de hablar, muy diferente a la de los vallecentralinos.

Lo más difícil, cuenta, fue adaptarse al sistema académico: “A mí me decían ‘haga un trabajo y justifíquelo’, pero en el colegio nunca me pusieron a hacer algo así”, me dice y agrega que en el Liceo de Cuajiniquil le hicieron falta profesores que le enseñaran mejor a trabajar en grupo y con la computadora.

El primer año estudió sociología y se dio cuenta de que allí no podría satisfacer las dudas que tenía desde niño. Entonces, empezó a buscar otras carreras y se topó con geografía.

Investigar las raíces propias

Luego de conocer los ríos y montañas de Costa Rica, Olger comenzó a buscar respuestas sobre sus raíces.

Volvió a Cuajiniquil para encontrarle sentido al “GPS mental” que le indicaba a los pescadores dónde hallar los “bajos”, los peces más grandes, la pesca más promisoria.

En una investigación sobre la pesca artesanal en su pueblo, le pidió a los pescadores más longevos que realizaran mapas mentales de los lugares donde se daba mejor la pesca. Luego, con ayuda de su GPS (sistema de navegación y localización mediante satélites), marcó los puntos en donde se encontraban los famosos “bajos”.

Su investigación le reveló el secreto: al encontrar un buen punto, los pescadores se guiaban con las montañas para poder ubicarse en el futuro y compartían su conocimiento con sus vecinos dándoles esas montañas como punto de ubicación.

“Los pescadores más longevos tienen una gran relación con el entorno y para poder posicionarse sobre un punto de pesca ven hacia las montañas”, explica su investigación “Posicionamiento marino-costero de los pescadores artesanales en Cuajiniquil, La Cruz, Provincia de Guanacaste, Costa Rica”.

Su investigación lo llevó a presentar los resultados en el Encuentro de Geógrafos de América Latina (EGAL) en Cuba.

El terruño

Antes que nada, Ólger es un guanacasteco orgulloso. A diferencia de quienes estudian y se quedan en el Valle Central, su interés profesional está en la provincia.

“Yo soy muy arraigado a la cultura guanacasteca. Mucha gente se va y ya ni se consideran guanacastecos. Eso es un problema porque es como darle la espalda a la mamá”, me dice indignado.

“Mucha gente se va porque no hay empleo, teniendo grandes recursos naturales”, agrega.

Su plan, por eso, es seguir descubriendo a Guanacaste mediante sus investigaciones.

“Lo que a mí me interesa es trabajar con la gente”, me explica. Ólger cree que si nadie lo hace, si nadie toma decisiones en beneficio del pueblo, llegarán “otros” a hacer lo que quieran con sus tierras.

Ahora, su siguiente paso es investigar las percepciones que tienen los vecinos del distrito central de La Cruz acerca de su región.

Él quiere que con ayuda de profesionales oriundos de Guanacaste, la provincia pueda desarrollar su propio turismo rural comunitario en vez de seguir con el modelo de atraer inversión extranjera. Él quiere ser parte de ese cambio.

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