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Guanacaste sí votó menos... pero eso no nos convierte en los “culpables”

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Foto por César Arroyo

Un 40% de los guanacastecos empadronados no se acercó a las urnas el pasado 4 de febrero a ejercer su derecho al voto en Guanacaste.

Se trató de la cifra más alta de por lo menos los últimos cuatro periodos electorales (2002, 2006, 2010 y 2014). Además, fue el tercer porcentaje más alto en todo el país, solo superado por Puntarenas y Limón con un 44,5% y 42,97% de abstencionismo, respectivamente.

Como respuesta a la escasa afluencia, los señalamientos no se hicieron esperar. En Facebook, por ejemplo, circuló un enunciado que molestó a muchos guanacastecos:

“Estas provincias son las responsables del mayor abstencionismo de la historia de Costa Rica [cita a Guanacaste , Puntarenas y Limón], son las primeras en pedir ayuda cuando el clima les golpea, son las que más ayuda social reciben, y hoy le dan la espalda al resto de Costa Rica y mandan un claro mensaje egoísta de que no les importa el destino del país”.

El comentario fue compartido más de 9.000 ocasiones.

¿Qué esconde esta afirmación?, ¿por qué los guanacastecos no salimos a votar? Aunque el análisis no justifica la falta de asistencia a las urnas, evidencia una realidad que termina de hacernos entender la apatía electoral.

Más ayuda social, pero....

Si se compara con el centro del país, Guanacaste encierra hoy más hogares en condición de pobreza y pobreza extrema.

Datos de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), señalan que, a julio del 2017, un 22,4% de los hogares de la provincia vivían en condiciones de pobreza, cuando en la región Central ese porcentaje está casi siete puntos porcentuales por debajo (15,7%).

La misma encuesta señala, además, que la condición de pobreza extrema alcanza al 5,9% de los hogares en Guanacaste. Una vez más, el porcentaje es mayor a lo que vive el mejor referente, la región Central, con un 3,9% de sus hogares en esa condición.

No se puede obviar que se trata, eso sí, de un indicador que viene a la baja de forma considerable en los últimos años, pero cuyo cambio no parece ser percibido por la población. Es decir: las cifras son cada vez mejores, pero la percepción es negativa.

Aunque los especialistas aún no saben a qué atribuir este cambio, solo en el último año, la región reportó la caída en pobreza extrema más alta de todo el país (2,7 puntos porcentuales). La pobreza extrema pasó de afectar a un 8,6% de los hogares en 2016 a un 5,9% en 2017.

No se trata de que la condición de pobreza le impida a una persona votar, o que los hogares pobres sean los únicos responsables de las elevadas cifras de abstencionismo, sino que vivir en estas condiciones agudiza el sentimiento de frustración de estas familias ante los planes de los partidos políticos y los termina de alejar por completo de las urnas.  

Los salarios de los hogares de la provincia también siguen estando por debajo del total país. Cifras de la Enaho detallan que un hogar promedio en la región Chorotega percibe la suma de ¢811.253.

Si los números se comparan nuevamente con el mejor referente, la provincia queda en desventaja: en la región Central, el ingreso por hogar supera el millón de colones.

Un análisis realizado por el Estado de la Nación indicó cómo también el ingreso ha crecido en la provincia pero cómo eso se ha dado de la mano de empleos de baja calidad.

“Las mujeres parecen estar insertándose más al mercado laboral pero en servicios domésticos. Es decir, aportan dinero al hogar pero en trabajo de escasa protección social”, cita el informe.

Si a ello se le aúna una tasa de desempleo abierta que supera el dato a nivel nacional y un alto porcentaje de jóvenes que no cuentan con su secundaria completa, no es tan difícil comprender por qué una buena porción de los guanacastecos se sientan abandonados por las políticas públicas.

Ayuda que beneficia a todos

El post en Facebook citaba: “son las primeras en pedir ayuda cuando el clima las golpea”. Efectivamente, Guanacaste es de las provincias que más ayuda recibe debido a los embates del clima.  Pero no solo lo pide para sí misma, sino que el país lo necesita.

Por ejemplo, solo como respuesta al decreto de emergencia por sequía declarado en la provincia desde el 2013 a causa del fenómeno de El Niño en el país, la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) y el Ministerio de Agricultura (MAG), dijeron que destinarían más de ¢2.400 millones en insumos para los agricultores.

Guanacaste es zona agrícola por excelencia, y justamente, el sector agrícola sobresale como el segundo sector en importancia en las exportaciones de bienes a nivel nacional.

Es decir, si alguno de los productos que componen la oferta de bienes del sector se ve afectado, se impacta el flujo exportador costarricense.

Datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) detallan que un 27% del total exportado de bienes en el país al IV trimestre del 2017 correspondió a actividades agrícolas. En Guanacaste, poco más de 15.000 familias contribuyen y dependen de actividades agrícolas.

Además, la provincia es zona productora de ganado y sobresale como referente en el cultivo de arroz y caña. Solo de este último producto, Guanacaste es la mayor zona productora del país: si la extensión cubierta fueran canchas de fútbol, la caña consumiría más de 50.000 canchas juntas (unas 35.700 hectáreas en el 2014).

Otras explicaciones

No hay forma de minimizar la responsabilidad que evadieron miles de guanacastecos. La acción de ejercer el voto es señalado por el Tribunal Supremo de Elecciones como un deber y un derecho indiscutible con el que contó y contará poco más de 240.000 electores en la provincia en una segunda ronda electoral.

Sin embargo, hay otros factores que explican esa apatía hacia el proceso electoral. Desde antes de la primer jornada de votaciones, el analista político Gustavo Araya explicaba algunas causas que históricamente permiten entender el abstencionismo en la provinca.

“Guanacaste sufre de una depresión política. Perdió la ilusión, como el resto del país”, dijo Araya.

Agregó, además, otros factores que explican ese comportamiento. Un ejemplo de ello es la  falta de liderazgo de los políticos en la provincia.

A su criterio, los candidatos concentran sus esfuerzos en el centro del país, haciendo que la población de las costas vean distantes las propuestas que los partidos políticos tienen para sus ciudadanos.

“Hay que hacer una descentralización efectiva. Hay que cambiar la forma de hacer política”, justificó.

Entonces, dejamos de votar, sí, pero también existe una realidad que se suma al desencanto político que ya golpea la provincia.

Por ahora, todos tenemos una segunda oportunidad para revertir el daño y salir a votar.
 

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